Reserva Natural del Bosque Mbaracayú

Un GPS al que no le creíamos el tiempo estimado porque no eran tantos kilómetros nos fue guiando hasta Canindeyú, el único departamento del país en el que no había estado antes, una materia pendiente en mi lista. Eso y la buena pinta que tenían las fotos hicieron que mi decisión fuera irreversible. Cuando vi la publicación de StayPy no dudé en reservar y aunque muy gentilmente quisieron darme recomendaciones, no les escuché: quería sorprenderme.

El tramo a partir de Curuguaty, por los 60 kms que separan a esta ciudad del refugio, es todavía de tierra. Y digo todavía porque justamente nuestro avance se vio afectado en varios puntos por los trabajos de pavimentación asfáltica que se están realizando intensamente para unir al distrito con Ypehú, en la frontera con Brasil. Luego de su culminación serán apenas 10 los kms de tierra que separarán a la ruta del lodge.
Llegamos ya de noche, Carmen -la encargada de la reserva- me había llamado varias veces en la tarde para preguntarnos dónde estábamos y nos recibió con abrazos. A su lado estaban Analía y Liz Mabel, dos de las alumnas de la escuela agrícola que funciona en la reserva. 


El sábado arrancamos con un desayuno para supercampeones que ya estaba servido cuando nos levantamos. Salimos a respirar el aire fresco de la mañana y ese olor a verde que traspasa la piel. En compañía de las chicas recorrimos las instalaciones para ver cómo trabajan en el colegio, la cocina y la huerta, conocimos al bebé de una de las alumnas y el muro que hicieron con botellas de plástico y arcilla para contener un poco el ruido del generador pero que a la vista, es toda una instalación artística. 


Cuando llegó Jovino, nuestro guía, nos explicó las opciones que teníamos para armar la rutina. Decidimos ir primero al Salto Karapá, a unos 50 kilómetros así que rápidamente, nos pusimos en camino. 


Ésta caída de agua está dentro del predio de la reserva pero no se cuenta con caminos internos para conectarlos, así que entrar desde el lado del distrito de Ypehú. Afortunadamente, en gran parte de este tramo el asfalto ya se concluyó y llegamos en muy poco tiempo, pasando incluso a conocer el centro urbano de ese distrito que tiene frontera seca con Brasil. 

Al reingresar a la reserva, paramos un momento para recoger a Diego, el guardaparques que nos acompañaría. Nos internamos en la espesura del bosque con espacio apenas para el vehículo, resguardándonos de las ramas en varias partes. 

Con una pequeña parada para un circuito de senderismo de 500 metros entre helechos gigantes, continuamos hasta un mojón en que bajamos para hacer a pie los últimos 2.000 metros hasta el salto 


El Karapá no decepciona, la infraestructura del lugar es además de gran ayuda, el único inconveniente sería para quien sufra de vértigo ya que son casi 40 metros y el final se ve muy pequeñito. Pero se camina con el impulso que brinda el agua cayendo a poquísimos metros de distancia. 

Durante el camino elegí no mirar al costado, quería llegar al pié y sorprenderme: ¡superpunto para mí!. En una de las rocas más grandes y planas, me paré para contemplar esa belleza. Me encantaría que hubiese una forma de describir con palabras lo que es eso, pero no, no existe.


La fuerza que tiene en sus 50 metros, el estar rodeados de nada más que vegetación, ese aire tan puro y algunas gotas que salpican de vez en cuando, hacen que valga la pena cada gota de sudor. Se tiene un pequeño mirador de metal, pero para llegar hay que cruzar entre las resbalosas piedras.

Diego iba todo el tiempo pendiente de mí y, orgullosa como soy, le decía que tanta amabilidad no era necesaria, que avanzara tranquilo: “yo soy bestia amigo, vos avanzá nomas”, palabras que se llevaba el viento porque luego de dos pasos estaba de nuevo preguntándome si estaba bien.


Él estudiaba enfermería pero tuvo que dejar sus estudios porque por problemas políticos en su zona, perdió la beca que tenía. Su familia es agricultora y vive muy cerca de la reserva. Le encantaría volver a estudiar pero de momento debe ayudar al sustento familiar. Luego fuimos hasta uno de los miradores rodeados de un verde que cautiva.

Volvimos contentos, Jovino nos esperaba en el puesto y entusiasmado nos pedía que eligiéramos que actividad hacer por la tarde, algo que cuesta bastante ya que todo suena genial.

Luego de almorzar asado a la olla y tomarnos ese riquísimo jugo de naranja que preparan las chicas, descansamos un rato. Por la tarde elegimos remar en el río Jejuimi, cuya costa está a muy pocos metros del refugio. Con todos mis sentidos alerta no podía dejar de imaginarme en pleno Amazonas, avanzar contracorriente no es muy sencillo y necesariamente todos debemos remar y ayudar.


a vuelta sin embargo es tan tranquila que Julio nos dejó remando a Jovino y a mí y se tiró al agua.. hizo a nado más de la mitad del camino de regreso. Fue su mejor momento de todo el viaje!

El domingo fuimos nuevamente a remar, esta vez a Lagunita y la experiencia es completamente diferente ya que al ser agua estancada, remar es mucho más sencillo y cómodo. En este lugar, nos contaban Mabel y Analía, es donde se hacen avistajes y estudios sobre los yacarés y es una tarea que se hace generalmente por las noches. Este también es el mejor lugar para ver las estrellas según nos dijeron, pero a nosotros ya no nos dio tiempo porque extensos nubarrones negros se iban apoderando rápidamente de nuestro cielo. Tampoco nos dio tiempo para el sendero Aguara’i ni el cubiertódromo, pero no nos preocupamos, son excelentes excusas para volver! 


Antes de salir les dejamos un mensaje en el libro de visitas, no aguantamos la curiosidad y hojeamos un poco, la lista de nacionalidades que leímos sería muy extensa. Que honor y orgullo saber que tantos extranjeros estuvieron allí mismo y lo contentos que quedaban -a juzgar por sus mensajes- de la belleza de mi país y la cordialidad de un equipo que a todas luces, entrega un pedazo de su corazón a cada visitante. Sí, porque la naturaleza puede ser maravillosa, el lugar precioso y cómodo, puede ser el colchón más suave en el que dormí en años… pero lo que me haría volver, una y mil veces, la sonrisa y el cariño que brindan todos los que componen ese equipo liderado por Carmen. 


Como no podía ser de otra manera, me traje un pote de dulce de leche gourmet que venden junto a otros productos producidos y envasados en la reserva, con una magnífica presentación y un sabor -en el caso del dulce de leche- que puedo certificar una vez más mientras escribo estas líneas y devoro mi frasco… 


Cómo llegar

Si vas a ir en tu vehículo propio, al menos hasta que se termine de construir la ruta, es recomendable que sea 4×4. Pero si coordinas con Carmen podes ir en el bus que llega hasta Villa Ygatymi (el costo desde Asunción es Gs. 60.000) desde ahí, con un vehículo de la zona con los que tienen convenio (es una de las formas con las que ayudan al desarrollo de la población), esto tiene un costo de Gs. 250.000. Eso sí, es imprescindible confirmar que la fundación cuente con vehículos para las actividades en esos días, ya que de lo contrario todo se limita bastante.

Costos

Los costos del hospedaje son con pensión completa por 24 horas, es decir que incluyen: desayuno, almuerzo, merienda y cena. La mayor parte de esto se realiza con productos orgánicos de la propia huerta.

El costo de las habitaciones es:

* Matrimonial: Gs. 475.000
* Doble: Gs. 420.000
* Cuádruple: Gs. 770.000

Las actividades tienen costos aparte que son:

* Senderismo: Gs. 20.000
* Visita al Salto Karapa: Gs. 50.000 (incluye refrigerio).
* Canotaje: Gs. 35.000 (hay dos opciones: Lagunita y el río Jejuimi)
* Cubiertódromo: Gs. 15.000
* Tiro de flecha (con los indígenas de la zona): Gs. 20.000

Lo que hay que saber

Al elegir visitar el Mbaracayú Lodge no sólo se aporta con la conservación de un riquísimo ecosistema, además se colabora con la formación de 120 niñas que estudian en el colegio de la fundación y realizan pasantías en el establecimiento y en muchos casos, pagan su cuota de Gs. 70.000 mensuales, mediante los trabajos que hacen en hotel.

Se puede colaborar además comprando los productos elaborados y envasados en la propia reserva cuya calidad se pueden degustar durante la estadía.

¿Porque se llama “logde”? Este, explica Carmen, es un concepto empleado para los hospedajes en reservas ecológicas. Estas instalaciones se caracterizan por ser amigables con el medioambiente tanto durante la construcción como en su mantenimiento.


Moni Bareiro – https://guaranideviaje.com/mbaracayu-lodge-paraguay/

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